julio 03, 2011

SALIDA DEL CANADA

La noche fue triste:
ya el alba clarea
y envuelve en sus luces
al gran Canadá
que oculta en su seno
grandes heroísmos
y un gran sacrificio
consúmase ya.

Cinco almas unidas
por amor divino
a esta Patria un día
le dicen ¡adiós!
sombrías tinieblas,
oscuro camino,
oculta en sus almas
la voz del Señor.

Sus lágrimas corren,
con voz temblorosa
ofrecen sus vidas
al Dios de su amor...
le ofrecen su asilo
y en plegaria hermosa,
a María claman
con tierno fervor.

Las olas agitan,
las barcas se mecen,
despliega sus velas
"La Estrella del mar".
La hora se acerca,
ya todo enternece...
se aleja... se pierde...
con raudo volar.

El mar se levanta,
agítase y tiembla,
oscura tormenta
da miedo ¡pavor!
mas ¡ay! esa lucha
que rompe, que quiebra,
oculta designios
muy altos de Dios.

De pronto una nave,
que surca los mares,
ofrece sus almas
dar paz y quietud...
es Dios quien la manda
calmar sus pesares,
llevarlas donde Él quiere
sembrar la virtud.

ELENA las salva,
y con gracias miles
las trae a las playas
que harán su mansión.
Pisan ya la tierra
bendita de Chile
la besan y le dan
su vida y su amor.

Los ángeles guardan
el voto sagrado
y dando a sus hijas
con grata efusión.
Hoy somos felices
¡Oh Madre Bernarda!
¡Amamos tu vida,
tu gran corazón!

* Este texto fue encontrado por casualidad en un libro heredado, no aparece su autor ni el año en que que fue dado a conocer. Solo tengo la impresión que fue escrito por alguna de las tantas Hermanas de la Providencia que siguieron los pasos de Madre Bernarda.

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