"Mientras viva, os amaré sinceramente.
Después de mis días vuestro recuerdo me seguirá donde esté.
Os ruego me hagaís el honor de mostraros siempre fuertes y esforzadas en el camino del bien y la virtud.
No os dejéis jamás llevar de impresiones ni de maneras vulgares.
Sois religiosas, verdaderas esposas de Nuestro Señor Jesucristo, tened fe y confianza en la Divina Providencia;
Suceda lo que sucediere, tenemos a Dios, y con Dios lo tenemos todo. Mientras haya caridad y obediencia la comunidad vivirá en Dios y para la gloria de Dios.
Así sea. Así sea.
Vuestra Afectísima madre.
Sor Bernarda Morin
Superiora General
Santiago, 17 de Junio de 1921"
(Cartas Circulares)


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