septiembre 04, 2009

¡AMAR, EN ADELANTE, SERÁ TODO MI VIVIR!

Bernarda escribe esta sentencia “¡Amar, en adelante, será todo mi vivir!”1 cuando tenía 32 años mientras hace sus ejercicios espirituales; me hizo recordar a una hermana joven con la que converse hace un tiempo sobre el sentido del proyecto de vida, ¿Qué quiere Dios para mi? ¿qué nos va diciendo Dios en nuestro caminar? … incluso cuando nos sentimos agobiados, en ese momento me sentí ciertamente sobrecogida cuando ella me dice: “Yo amo a Dios con locura… esa locura me hizo tomar este camino” … solo pude guardar silencio, el mismo silencio que guardé por largos minutos al releer esa sentencia de Madre Bernarda escrita en 1864;

Hablar sobre la comprensión del “amor” en Madre Bernarda creo que nos animaría a escribir largamente, ella misma en muchos pasajes de su vida escribe sobre el amor a Dios, el amor de Dios y el amor al prójimo.

Aridez, sequedad, vacio son varias de las palabras que en las mismas memorias de donde está tomada la frase que da titulo a este posteo encontramos, sin embargo también dice: “Oigo como interiormente una voz que me dice con sumo amor ¿Por qué no se entrega por entero a mí?” tal vez la sincera y profunda comprensión del amor de Dios hace a Bernarda constantemente estar alerta a lo que Él va comunicándole, a pesar de sus momentos de “aridez, sequedad y vacio” siempre estuvo alerta a su llamada. Pero también hay un aspecto fundamental en ella que es el profundo conocimiento de sí misma, ello lo revela en sus memorias cuando reconoce tres grandes lecciones aprendidas en su infancia: es capaz de superar sus arrebatos de orgullo, es capaz de superar la tendencia a descalificar a los otros, Por último, aprende una lección que a través de su vida y obras nos enseña a nosotros: la solidaridad con el pobre, su entrega infinita al necesitado. Estas dos situaciones: la comprensión del amor de Dios (o mas bien la comprensión de que Dios es amor) y el conocimiento de sí misma llevan a Bernarda no solo a responder a la llamada de Dios sino que a transformar la manera en que ella comprende y por ende obra en el mundo.

A veces cuando nos sentimos profundamente desolados, devastados por lo que nos acontece tendemos a decir: oye Dios ¿dónde estás? ¿Por qué permites que esto me pase? Y un sinfín de otras expresiones que sólo hablan de la soledad en la que Dios “nos deja” en algunos momentos, ciertamente no es que nos abandone, tampoco que no nos trate de comunicar sino que sencillamente no estamos alertas, esto también porque hoy a veces nos vemos sobrepasados por las obligaciones, enfermedades, la familia, el exitismo … sencillamente nuestro mundo y no nos damos cabida a nosotros mismos(as) a descubrir nuestras luces y nuestras sombras; permitirnos tal como Bernarda esos momentos de “aridez, sequedad y vacio”. Aquí es donde Bernarda nuevamente se devela como modelo, sobre todo para nuestras (os) jóvenes... aprender a estar alertas a lo que Dios nos comunica (incluso en nuestros momentos de desolacion) y conocernos a nosotros mismos, así y desde ahí entonces podremos primero comprendernos, comprender el mundo y obrar con todos nuestros dones y virtudes en el él, dándole respuesta a nuestra vocación.

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