junio 30, 2009

BERNARDA, UNA MUJER ENRAIZADA EN CRISTO

Loreto León, novicia de primer año nos invita a reflexionar e ir religándonos “a Dios en Bernarda, en los más pobres de hoy; ella nos muestra el camino con humildad, con sencillez infinita”. En ella, Madre Bernarda es parte de su historia de vida. Así, el descubrir la vida de Madre Bernarda, descubre en ella una mujer enamorada de Dios que goza con y en Él. Sencillamente lo resume en cinco palabras: una mujer enraizada en Cristo.

Escribir para este Boletín* es para mi un don, pero a la vez un desafío. Hablar de Madre Bernarda en mi vida es como hablar de mi propia historia. Ella me invita a recordar que, siendo pequeña y estando en el Colegio Santa Clara, solía jugar alrededor de una pequeña parra que nos daba sombra y frutos pero también nos cobijaba. Más tarde aprendí que ellas son las plantas con las raíces más profundas. Por eso hablar de Madre Bernarda me invita a ese recuerdo.

Ella es una mujer enraizada en Cristo. Es ir descubriendo que Madre Bernarda no es Cristo, sino un camino para llegar a Él. Ella nos muestra el camino Providente del amor.

Su vida y su historia nos revela a una mujer enamorada de Dios, que goza con y en Dios, que no se resiste a Él llegando a escuchar: “ya no me resistirás más… desde hoy serás mi esposa y no amarás ninguna cosa fuera de mí”. ¿Pero sólo escuchó? No, también respondió.

Es impresionante como en ella todo es Providencia, desde su llegada a nuestra patria y su entrega al servicio de los pobres. Además está lejos de sus orígenes, pero ellos no están lejos de su corazón. ¡Qué osadía de su parte! entregarse a este viaje sin retorno. Eso me cala muy dentro, pues me pregunto: ¿Haría yo lo mismo?.

“YO NO QUIERO IR MÁS ALLÁ DE LO QUE ME PIDA LA OBEDIENCIA”

¡Qué obediencia! Cuando escuché por primera vez esta frase de Bernarda, casi me caí de espalda, verdaderamente es muy fuerte, siento que desde ese día buscar la voluntad de Dios no me ha dejado tranquila. Ella es Obediente y obediente con mayúscula, es una obediencia de escucha del Maestro como lo vemos en Abraham, María y tantos amigos(as) que en su anonimato buscan hacer la voluntad del Padre Providente, aunque sea, como generalmente ocurre, a costa de la propia voluntad. Cristo le pide algo más, la hace caer en una santa locura, la locura de la cruz, del amor, de servir a los pobres y huérfanos, ancianos y enfermos, locura que la hizo sensible a las necesidades del Chile que necesitaba acción en lo social, que necesitaba una visita de Dios a nuestro pueblo.

El Espíritu nos lleva a ser mujeres y hombres obedientes. Es Él quien da vida y mueve todas las cosas, es lo que nos impulsa, es el que impulsa a Bernarda. Él sopla donde quiere y como quiere. Captar el Espíritu nace de un abandono en las manos del Padre, es estar dispuesta(o) a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra que da vida y vida en abundancia (Cfr. Jn. 10, 10). Es enraizarse como una vid en el corazón de Quien nos creó y en Jesús. Bernarda es fiel al Espíritu. Ella es una mujer con visión de futuro, porque está impulsada por el Espíritu que la hace actuar con valentía, profetismo, cariño e infinito amor con quienes los designios de la Providencia se lo permitan. Ella nos enseña a ser iglesia y a tener la experiencia de iglesia, a ser pueblo de Dios.

Te invito a ti que estás leyendo estás líneas a que puedas ir religándote a Dios en Bernarda, en los más pobres de hoy; ella nos muestra el camino con humildad, con sencillez infinita. Espero descubrirlo y junto a ustedes ser levadura del amor, asumiendo la misión de “ser Providencia” para el necesitado que tiene nombre y rostro. Es un desafío en el cual Dios que nos creó con sus manos, se pone en nuestras manos…

Fraternalmente en la Providencia de Dios y en María Madre de Dolores.

Loreto León Soto
Novicia de primer año

* TEXTO PUBLICADO EN EL BOLETIN N°26 DEL CENTRO BERNARDA MORIN

1 comentarios:

pastoral vocacional dijo...

Loreto, no dejas de sorprenderme, gracias por tus palabras que al vivir contigo no dudo que nacen de un corazón lleno de amor a Dios. Tu hna. en Cristo, Mariana sp