abril 13, 2009

MATERNIDAD MADRE BERNARDA

Nadie llevó con mayor propiedad el título de Madre que ella; su corazón generoso reemplazó a miles de corazones maternos en la esmerada atención de niños huérfanos.
Toda persona debe su existencia a la actividad generadora de una madre. Para la congregación de las Hermanas de la Providencia, la figura de Madre Bernarda se proyecta como luz que sobrevive en el tiempo, que engendra vida nueva, como la tierra fértil, perpetuando la esencia de su entrega a través de generaciones.

Nadie llevó con mayor propiedad el título de Madre que ella; su corazón generoso reemplazó a miles de corazones maternos en la esmerada atención de niños huérfanos.

Para las hermanas, su amor maternal endulzó los grandes deberes de la vida religiosa. Fue una verdadera escuela de espiritualidad y de for-
mación religiosa. Su trato y su presencia irradiaban simpatía y bondad. Sus gestos y su modo de ser imponían respeto, y la tranquilidad de su espíritu era una invitación a la conformidad con los designios de Dios.

Madre Bernarda comprendió que la maternidad constituye una respuesta de fe, que adquiere su valor más verdadero, sólo a la luz de la alianza con Dios, una maternidad de orden superior, una maternidad según el Espíritu. Toda su preocupación fue su congregación, sus hermanas, los niños. Con frecuencia visitaba las comunidades, trasladándose de un lugar a otro del país, aún en edad avanzada.

La Madre Bernarda es esencialmente entrega. Somos deudoras de su actividad materna. Nos dio serenidad y alegría; fue fuente de consuelo. Su vida fue un espejo de virtud.

Setenta y siete años de labor infatigable; una larga vida consagrada que dejó huellas de heroísmo, en asumir el dolor, prodigar el bien en absoluta conformidad con la voluntad de Dios. Enseñó con su vida el respeto y amor a los superiores eclesiásticos de la Iglesia de Chile y Montreal, y al Santo Padre, convirtiéndose en un símbolo de modelo de Iglesia, acogedora y preocupada por los pobres y necesitados, sean niños, ancianos o enfermos.

La vida y el espíritu de Madre Bernarda permanecerán a través de los años y de las generaciones como un modelo acabado de virtudes propias de religiosas santas.

La reconoceremos como una perfecta religiosa. La veneramos como una Madre ejemplar. La recordamos como una estrella que orienta nuestra vida religiosa.

Nuestra gratitud no tiene sentido si nosotras no tratamos de ser madres que irradien su legado de profunda confianza en Dios Padre y la tierna compasión de Nuestra Señora de Dolores.
Hna. Mónica Pérez sp
*publicado en el Boletín N° 24 del Centro Bernarda Morin

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